Medellín, Cali y Barranquilla, un solo dolor
FUENTE EL Colombiano
Por: Francisco Galán
Hay derroche de iniciativas militares y de policía para contener la violencia en las ciudades, aumento de pie de fuerzas, pago de recompensas, aplicación de alta tecnología para la inteligencia y el control, redes humanas de informantes de toda índole, empadronamientos, control territorial, pero hay muy poca creatividad en la búsqueda de la paz, la justicia social y el control de la corrupción.
La guerra que en décadas pasadas se vivió con más intensidad en el campo hoy se traslada a la ciudad.
El campo quedó arrasado con extensos lunares de coca y conflicto en sus fronteras y sumido en la pobreza ¿cuál será el destino de la ciudad?
Los altos índices de homicidios y violencia en las grandes ciudades en el último año nos obligan a analizar la situación y buscar grandes soluciones.
Las alcaldías no han podido, a pesar de sufrir los mismos rigores de la violencia, crear iniciativas comunes para afrontar esta emergencia ciudadana. Cada ciudad es una isla gobernada por un alcalde solitario.
¿Les está prohibido a los alcaldes reunirse por iniciativa propia para construir de manera conjunta salidas comunes a sus problemas comunes?
Los alcaldes de Medellín y el área metropolitana han de reunirse ¿Qué diferencias pueden tener los alcaldes de Medellín, Barranquilla y Cali que no se puedan convocar para analizar y tomar medidas estructurales para detener el crecimiento de la delincuencia y contener la violencia?
Pareciera que los alcaldes le hubieran dejado esta responsabilidad solo a la Fuerza Pública y estuvieran desconociendo otros campos de acción que contribuyen de igual manera a erradicar la violencia, como el diálogo social entre el gobernante y los gobernados, la promoción de la sociedad civil en el ejercicio de su ciudadanía, los planes de inversión alternativos a la economía ilegal y subterránea, el estudio del narcotráfico, la búsqueda de la solución dialogada y pacífica, etc.
Pero más allá de la administración diaria del conflicto, conviene que los gobernantes locales lideren el estudio, la reflexión y el ensayo de soluciones para contener la guerra urbana que poco a poco se va tomando las grandes ciudades.
La violencia de las ciudades no es solo un problema de orden público, sino también y principalmente, una tarea de autorrevisión del Estado, de compromiso ciudadano, de redistribución de la riqueza y de profundización de la democracia.
Es urgente que los alcaldes se convoquen y convoquen a los ciudadanos a estudiar la situación de violencia de sus ciudades y propongan salidas comunes a la difícil situación que vive la gente en las grandes urbes.
/ Francisco Galán
Integrante de la Casa de Paz