¡Hoy votaré!
FUENTE La Tarde

El legado que nos deja Uribe de intolerancia con el que piensa distinto y de falta de respeto a los periodistas y de los ciudadanos a informarse, al no responder o evadir sus preguntas sobre el episodio de los insultos contra el ex presidente Gaviria, en una clara intervención en política y como una clara advertencia a Santos de que no le gusta el rumbo que está tomando; de negarse a participar en los debates cuando fue candidato a su primera reelección y de incluso catalogar al Washington Post de idiota útil del terrorismo por publicar las declaraciones de un ex miembro de la Policía Nacional, que vuelve a mencionar las vinculaciones del hermano del presidente con los paramilitares, es una página vergonzosa que debe cerrarse hoy.
Por fortuna nunca padecí la ceguera uribista, pero entiendo lo que sienten aquellos que hoy se han quitado la venda y se percatan del horror que representan estos ocho años en los que se han limitado las libertades, se ha señalado a las ONG de derechos humanos como enemigas del gobierno y amigas de las FARC y se ha convertido los programas sociales en botín para elegir a los amigos del gobierno.
Me gusta la afirmación del escritor Sándor Márai en su novela El último encuentro, cuando describe las relaciones entre los seres humanos como complejas, frágiles y, a veces, cargadas de fatalidad. Yo diría que cuando se trata de la lucha por el poder esos rasgos se acentúan. En los últimos días de esta campaña electoral, cuando volvimos a oír a un Uribe descolocado y a un Santos que toma distancia, en los hechos, de su mentor recordé la historia del escorpión que le pidió a un sapo ayudarle a cruzar las aguas de un lago. Una vez cruzan las aguas el escorpión le entierra su ponzoña al sapo y cuando éste le pregunta por qué, le responde que es su naturaleza.
Considero que aquellos que piensan que eligiendo a Santos protegen a Uribe de las investigaciones que vendrán por falsos positivos, Yidispolítica e interceptaciones telefónicas están equivocados. Santos, una vez Uribe le haya ayudado a elegirse hará lo posible por deshacerse de él. Y, habida cuenta de los métodos ‘non santos’ a que Santos está acostumbrado a echar mano, el desenlace será fatal, para Uribe.
Volveré a votar verde para que, ¡nunca más!, un presidente de la República trate de tinterillos e idiotas útiles a miembros de la Rama Judicial ante el silencio o el aplauso de muchos; para que se respete la independencia de poderes, pilar de un Estado democrático; para que la oposición y todos los partidos o movimientos políticos tengan mayores garantías y porque creo que con educación le ganaremos terreno a la violencia y la pobreza.