La iniciativa exterior de Santos
FUENTE El Colombiano

Es muy bueno lo que ha hecho el presidente electo Juan Manuel Santos en los últimos días. Nombró una ministra de relaciones exteriores que conoce el oficio y tiene carácter e independencia. A la vez decidió que en el interregno que va de su elección a su posesión dedicará buena parte de su tiempo a visitar a mandatarios y líderes políticos de Europa y América Latina.
María Ángela Holguín dio una demostración de temperamento y probidad poco común en la política colombiana. No hace mucho, cuando era embajadora del presidente Uribe ante la Organización de Naciones Unidas, renunció en protesta porque nombraron, para acompañarla en su gestión, a familiares de dirigentes políticos sin calidad técnica para desempeñar la función.
Había sido embajadora de Colombia en Venezuela en los inicios del gobierno de Uribe. La conocí en esos días. Estaba en Caracas la misma semana en que el presidente Hugo Chávez Frías la recibió para aceptar su nombramiento y fui a visitarla. Me contó que Chávez en un momento del evento se separó del protocolo y se fue a conversar con su hijo adolescente.
Fue una sorpresa enorme. De alguna manera Chávez se había enterado de la afición deportiva del hijo de la embajadora y se fue a hablarle de béisbol y, si mal no recuerdo, le regaló un bate y se ganó la simpatía de un joven colombiano recién desempacado en Caracas.
Por hechos como éste y por la pericia de la embajadora Holguín las relaciones entre Colombia y Venezuela, en esos primeros tiempos del gobierno de Uribe, fueron menos tensas y más fructíferas, como nos lo recuerda Socorro Ramírez en su columna del diario El Tiempo el sábado pasado.
Quizás Santos pensó en estas cosas cuando tomó la decisión de ponerla al frente de la política exterior colombiana. Quizás está convencido de que es necesario un gran viraje en las relaciones internacionales de Colombia. Un cambio que apunte a profesionalizar nuestro servicio diplomático, a poner un freno a la tensión con los vecinos y liberar un poco nuestra agenda externa de las ataduras de nuestro conflicto armado.
También es magistral la jugada de utilizar el tiempo que le falta para su posesión para realizar contactos directos con gobiernos y líderes políticos de la región y del viejo continente. Además de enviar un mensaje de que va a poner la política exterior colombiana en un lugar privilegiado en la agenda, se aleja un poco de los avatares internos.
Toma distancia de los agudos debates que en estos días adelanta el presidente Uribe con los gobiernos vecinos, con las organizaciones de derechos humanos y con la justicia. Así ni tropieza con Uribe ni está obligado a mostrar alguna solidaridad con el presidente saliente en esas disputas.
Y otra cosa. La lejanía le permite hacer como si no se inmiscuyera en los transacciones que se adelantan en el Congreso en la configuración de las alianzas políticas para definir las directivas y establecer la agenda legislativa. A la vez da la impresión de que sus nombramientos ministeriales no obedecen a peticiones o presiones de los grupos políticos que los acompañaron en las pasadas elecciones.
Ahora bien, la renovación de la política exterior colombiana no va a ser nada fácil. Recomponer lo que se ha dañado en estos años implicará una gran imaginación y un trabajo inmenso. Tropezará con la hostilidad de los gobiernos vecinos y con resistencias en importantes sectores de la comunidad internacional.
Pero Santos ha comenzado bien insistiéndole a Chávez y a Correa que asistan a la posesión, haciendo un fructífero viaje hacia Europa y anunciando que visitará igualmente a varios mandatarios de América Latina para marcar una diversificación de las relaciones.
Se trata, entiendo, de crear un nuevo ambiente y empezar a construir confianzas para luego entrar a discutir en serio los problemas que existen con los países más cercanos y con los más lejanos, muchos de ellos derivados de la manera distinta como miramos el conflicto armado y como encaramos la construcción democrática.
/ León Valencia
lvalencia@nuevoarcoiris.org.co